Qué Monito
Hoy recordé algo que pasó hace muuuchos años (más de veinte). Mi abuelo, mi tía, mi hermana, mi mamá y yo fuimos de vacaciones a un departamento en Cancún. Como llevábamos carro, decidimos un día ir a explorar la zona, a un lugar que en el map sólo decía “Santuario del Mono” o algo así (esto fue en los años previos a que todo estuviera en Internet). El lugar era una reserva ecológica que apenas funcionaba, por lo que al acercarse un pequeño guía para ofrecer sus servicios rápidamente aceptamos. Nos dijo que, aparte, nos enseñaría un cenote.
Hacía un calor grosero, y después de ver unos pocos monos araña dormidos en las ramas de un gran árbol, tomamos un camino por la selva que nunca hubiéramos encontrado sin el guía. La selva era frondosa. Recuerdo que en un lugar había un árbol de papaya salvaje, pero nada más notable. Ya pasado un tiempo, el guía nos preguntó:
—¿Sí quieren ir al cenote, o les da miedo?
Por supuesto, mi primo y yo respondimos que sí queríamos ir; supongo que mi mamá, mi hermana y mi tía también.
Caminamos un poco más y de repente, casi sin aviso, el guía abrió una portezuela entre la maleza. Al asomarnos, sólo había oscuridad y la luz de la entrada caía sobre un piso arenoso. Acostumbrándome un poco a la oscuridad después del brillante sol que había fuera, noté que en realidad encima de la arena había agua, que apenas se movía por el aire.
—Aquí es. ¿Qué? ¿Les da miedo?
Obviamente el guía, en tipo gracioso, estaba molestando sobre todo a mi primo. Así que siguiendo las instrucciones del guía, mi primo y yo nos bajamos por una viejísima escalera que te llevaba a una pequeña plataforma. Las demás se rehusaron a seguirnos.
—¡Aviéntate!—gritó el guía.
No recuerdo si saltó antes mi primo o yo, pero cuando salté, el agua estaba heladísima. Fue una sensación extraña, porque arriba sólo se veía la luz que caía por la pequeña entrada y todo lo demás era oscuridad. Debajo de mí, obviamente había agua pero era tan clara que sólo veía el fondo arenoso. Nadé un poco más, y luego mi primo y yo salimos usando una cuerda que colgaba de la plataforma.
Afuera, el mismo calor infernal.

